Un vendedor de alfombras, cuando las que vende son mágicas, es un vendedor de ilusiones. Las alfombras voladoras de los cuentos viajan por los aires, las de la ilusión viajan por el inacabable, inmenso y libérrimo espacio de la imaginación. Pero en definitiva, el que decide iniciar un trayecto ya sea en una o en otra, necesita de la alfombra misteriosamente alada o de la alfombra capaz de elevar sobre ella a la impaciente imaginación.
Ambos tipos de alfombra se venden, desde luego. La de lana y seda mágica en el desconocido país de los Genios de las Lámparas. Las otras, en las librerías de algunos excelentes libreros comprometidos con la difusión del goce inconmesurable de descubrir la lectura y engancharse definitivamente a ella, porque las alfombras en que viaja la mente es de papel impreso y encuadernado: es un libro abierto.
Conozco a uno de estos vendedores de alfombras mágicas, se llama Vicente Pina y no se esconde en una lámpara sino que atiende con sabiduría y entusiasmo a quien entra en su Librería CODEX. Tiene suerte Orihuela de contar con un librero de raza como él.