sábado, 31 de mayo de 2014
UN LIBRERO DE PROVINCIAS
sábado, 25 de agosto de 2007
Océano
Hoy, el mar, furioso, encrespaba sus olas embistiendo la orilla como si un bravo toro fuese. La espuma blanca abarcaba toda la playa, hasta más allá de lo que la vista me permitía ojear. Nadie paseaba. Nadie jugaba o se bañaba en ese mar impetuoso que reclamaba a gritos su poder. Sólo algunos atrevidos, como yo, desde la orilla contemplabamos esa algarabía y nos alegrábamos. Sí. Observar la fuerza de la naturaleza es algo bello, por que permite volver al origen del hombre y a sus miedos más inherentes a su propia naturaleza mortal. Somos un minúsculo grano barrido por las olas del universo que a su antojo nos transporta por un vasto recorrido con un seguro final. Breve e incomprensible tiempo. Y nos miramos el ombligo y seguimos actuando de forma incoherente a cualquier principio lógico. Somos temporales y sabemos que tras nosotros otros humanos ocuparan nuestro lugar y han de vivir en el espacio que antes nosotros ocupabamos ¿ y cómo es ese espacio que van a heredar?
¿Para cuándo nos regiremos por principios éticos, lógicos, con miras a crecer en "humanidad"?
En fin. Hoy el mar escupía todas estas palabras en un lenguaje natural, comprensible sólo con detenerse y mirar. Con otros ojos.
sábado, 24 de marzo de 2007
Memorias de un librero
En la memoria de todos, y digo bien, en el momento en que estamos siendo creados como nuevos humanos con capacidades (pensar, elegir, decidir, optar, ser...), si hurgamos un poquito en lo que podríamos llamar "nuestra esencia", hallamos un objeto rectangular las más de las veces, con unas manchas sobre su superficie lisa, unos colores, una textura, un aroma. Y recordamos gratamente haberlo cogido, notado su volumen, su peso, su urdimbre, y habérnoslo llevado a nuestros ojos con ansias. Sin saber exactamente de qué. Con regusto de llevar a cabo una osadía, un atrevimiento, un algo mágico que se deja llevar a nuestro interior arcaico, pasado, añejo de obtusos recuerdos. Y miramos en su interior, siempre preñado, siempre pleno, y lo devoramos, sí, como aquel bocadillo que mamá, siempre mamá, preparaba con la ternura que solo ella sabía otorgar a un acto tan monótono como es el manchar un trozo de pan con aceite y añadirle una ración de algo. Y el atrevimiento pasa a ser ocio y el ocio costumbre y la costumbre manía y la manía la certeza de que lo estoy haciendo bien y que quizás, sólo quizás, consiga ser un poco más feliz.
Gracias por leer.
sábado, 10 de marzo de 2007
MI CIUDAD.
Vivo en una ciudad aparente. Donde el ombligo no es el centro del universo sino el universo mismo, por supuesto sin cordón umbilical, perdido ya por nuestros ancestros más prehistóricos desfasados del pecado original; donde las etiquetas (sin precio) se colocan y descolocan sin ningún miramiento, sin asomo de cobardía aunque por la espalda; donde quién se sonroja es por que algo esconde, o algo bebe, o algo turbio le pasa por la cabeza; donde lo peyorativo es no ser o no estar entre " los elegidos", no "figurar", acaso aparentar.
Piedra antigua sobre piedra moderna, caliza y mármol desgajado del somnoliento sueño que fue y ya no será. Miro a mis ancestros y sólo encuentro en los monótonos libros de historia grandes nombres, sonoros apellidos y escasa humanidad. Me muevo entre paredes verticales añejas, torres deslavadas o ennegrecidas grietas donde antes corazones escribieron su nombre para la posteridad. Hay un espacio - yo he encontrado un único espacio - donde mi desgana se invierte, donde la apariencia no se ve, donde tu nombre no importa pero sí tu aliento, tu ser, tu pensamiento. Y lo hago mio. Y siendo mio quiero que sea de todos, para que cambiemos esa historia, en minúsculas, y creamos que el pasado no importa por que el futuro lo hemos de escribir, entre todos, aunque unos pocos no nos quieran dejar hacerlo. Por que vivo en una ciudad aparente.
viernes, 9 de marzo de 2007
MI LIBRO.
Erase una vez... Así comienzan las mejores historias que he podido leer en toda mi escasa y breve vida sobre este pequeño punto del cosmos. Lecturas que han ido creciendo junto a mi mesita de noche, recostado en el sofá, en un banco del parque, subido a un árbol (os lo aseguro), junto a un amigo, en voz alta, acurrucado junto al fuego de una invernal noche a los pies de mi padre y acariciando el suave lomo de un gato tiznado que también desde su sentido de supervivencia recurre al hogar cálido, releyendo lo que me hizo llorar o reir. Y he encontrado un sentido a la corta vida de los seres humanos de breve memoria: vivir varias vidas al mismo tiempo, sumergirme en almas distintas con caracteres diferentes, sensaciones diversas y ser yo y muchos otros al mismo tiempo.
Hoy utilizamos estos medios tecnológicos dicharacheros y rápidos, muy rápidos, y quizás olvidamos que en un rincón de una casa, bajo una lámpara, sentados en un sillón apaciblemente, nos espera una varita mágica capaz de trasladarnos con susurros y leves notas al extásis de leer.
Os espero bajo mi lampara.
